jueves 26 de noviembre de 2009

Tu burbuja entre mis manos


Te abrazaré con paños de algodón
toda la noche

para que no sientas
la ausencia
que provoca el cuerpo

ficticio

lejano

te arroparé siempre

para que veas

la distancia envuelta entre mis manos.



domingo 1 de noviembre de 2009

Nada cambiará mi mundo

martes 27 de octubre de 2009

Click

Sueña con una
cruz
y espaldas que arrancan
cada vez que
se presiona el botón

un click

una foto

y todo se vuelve normal.

domingo 18 de octubre de 2009

Sin colchón

Un colchón roto avisa de que es hora de ocupar los resortes olvidados, así se rebota y desaparece todo, pero al cerrar los ojos te das cuenta de que el rebote no cesa, que el cuerpo se transforma en un elástico a punto de romperse, te estiras una vez más y despiertas sobre el suelo convertida en fragmentos. Fragmentos que ocultas bajo la alfombra para que nadie se dé cuenta de la descomposición.

Corriendo con una bestia detrás

domingo 23 de agosto de 2009

Lectura Muchísima Fe

martes 18 de agosto de 2009

Un poema en el suelo

Un poema botado en el suelo, mientras se camina sola por esas calles parecidas a un zaguán con los bolsillos rotos. Hace frío y el cuerpo delata las marcas que dejan los golpes bajos y la inmadurez teñida de esa torpe necesidad de tenerse y de saber que cuando llegas a casa habrá alguien que te esperará con un té caliente y desabrochará suavemente tus zapatos porque sabe que te duelen los pies de tanto caminar entremedio de tarros de basura espantando gatos y juntando palabras que no se quiere llevar el viento.

¿Por qué duermes solo esta noche?

domingo 26 de julio de 2009

Tori, te llevo en mi walkman

jueves 2 de julio de 2009

Technicolor


Ese día despertó con un gran ardor en el estómago. No había comido hace varios días. Pensó que lo mejor sería tomar un poco de leche para apaciguar el volcán que se producía cuando las tripas exigían algo de comida. Se paró en las afueras del supermercado y comenzó a pedir plata. Cuando ya tenía alrededor de seiscientos pesos, se dirigió a la sección de lácteos. Estaba en eso cuando nota que su rostro y su nombre estaban impresos en el envase. Jocelyn Paola Tapia Pacheco, extraviada hace un año. La garganta se le apretó y sintió que un calor lento bajaba desde su cabeza. Pensó que serían esas crisis que le venían cuando su mamá la dejaba sola en casa. Salió corriendo del lugar con la mente fija en encontrar a Brayan. Recorrió todos los lugares frecuentados por él: La caleta Chuck Norris, el puente Pío Nono, la calle Portugal, la Plaza de Armas. En ninguna parte estaba Brayan. No volvería a su casa se juraba todas las noches. El recuerdo de su madre alejándose la hacía transpirar, pues acto seguido era sentir muy de cerca el aliento y el aroma de su padrastro sobre su rostro así como un péndulo, siempre en movimiento. Un día decidió escapar. Conoció a Brayan, un chico de gran estatura y mirada perdida por las grandes dosis de pegamento inhalado. En los ratos en los que estaba lúcido le decía que era su princesa y con él nunca pasó frío. Pero ese día, Brayan no aparecía. En medio de su desesperación, se acordó de la ferretería en la que se podía conseguir un tarro de pegamento sin mayores complicaciones, salvo el medio de pago. Tenía que evadirse, respiró hondo y partió hacia el negocio de la calle San Pablo. En el lugar atendía un hombre regordete que sudaba olor a ajo. Apenas se enteró de lo que necesitaba Jocelyn, se bajó el cierre del pantalón. Tenía los mismos ojos que su padrastro, sintió un asco enorme y en un arranque de ira mordió fuertemente el miembro del obeso. El hombre dio un gran salto hacia atrás y sobre él cayó la repisa que contenía los tarros de pintura. Todo el lugar se tiñó de colores. Jocelyn lo miró por largo rato, la pintura se tornaba un cuadro abstracto, de esos que le mostraron en la clase de Artes cuando iba al colegio. Miró sus zapatillas, ya no eran blancas. Sacó el dinero que estaba en la caja y decidió que era hora de llevarle chocolates a su mamá.